La Paz, 11 de febrero de 2026. –
DTV
La directora ejecutiva de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Margot Ayala, presentó este miércoles su renuncia al cargo en un acto cargado de emoción y tensión. Desde el inicio de su declaración, Ayala mostró una notable fragilidad: temblaba mientras sostenía las hojas que iba leyendo, con la voz entrecortada y los gestos visiblemente afectados por la presión.
“Mi conducta a lo largo de los años fue siempre la misma, trabajar con honestidad, con rigor técnico y retirarme cuando no podía hacerlo en coherencia con mis valores y mis capacidades profesionales”, comenzó, intentando mantener la compostura, pero con el temblor de sus manos evidenciando su quiebre.
La renuncia de Ayala se produce tras denuncias sobre la mala calidad del combustible, que habría dañado motores en diferentes sectores, y pedidos de dimisión de diversas autoridades y organizaciones de la sociedad civil.
Poco a poco, a medida que leía, su voz se hacía más débil y su emoción más evidente. “En estos casi 100 días también he constatado que el trabajo institucional pierde efectividad cuando la energía se desvía hacia conflictos internos, disputas estériles o dinámicas que no contribuyen a resolver los problemas reales de este país”, dijo, mirando varias veces sus hojas para sostenerse, pero con lágrimas contenidas que aparecían en sus ojos.
La funcionaria enfatizó la necesidad de enfoque y unidad para el país: “Bolivia atraviesa hoy una situación compleja que exige enfoque, honestidad, trabajo serio y prioridades claras. Nuestro país no necesita más confrontación ni distracciones internas”, señaló, visiblemente más quebrada a cada frase, con pausas que dejaban ver la tensión emocional que sentía.
A pesar del quiebre, pidió que la confrontación dé paso al trabajo conjunto: “Dejemos de enfrentarnos, por favor. Empecemos a trabajar juntos y a construir. Me voy con la cabeza en alto y con la satisfacción de haber cumplido mi trabajo. Les dejo una ANH limpia, transparente y lista para trabajar por su país”.
El acto quedó marcado no solo por la renuncia, sino por la vulnerabilidad y el quiebre de la funcionaria.
